Jugar con los perros ¿Por qué?

Un juego muy serio

Nuestros perros pueden llegar a jugar casi con cualquier cosa. Pero ¿Te has preguntado alguna vez qué es realmente el juego y cuál es su utilidad en el mundo canino? A medida que vayas leyendo este artículo descubrirás que jugar es algo mucho más serio de lo que parece…

 ¿Qué es el juego?

Según Gordon Burghardt, antes de profundizar en la utilidad del juego deberíamos definir claramente en qué consiste y qué lo diferencia de otros comportamientos.

El juego es:

  • Espontáneo, voluntario, con intención, placentero y gratificante por si mismo.
  • Se diferencia de los comportamientos “serios” en que es incompleto, exagerado, torpe o con algunos patrones de comportamiento modificados.
  • El comportamiento se lleva a cabo repetidamente de una forma similar.
  • El juego se produce siempre y cuando los animales se alimenten adecuadamente, tengan buena salud y se encuentren libres de estrés.
  • El juego es uno de los primeros comportamientos que desaparece cuando los animales están hambrientos, se encuentran amenazados o en un entorno estresante.

¿Para qué sirve el juego?

Una vez definido lo que es el juego, podemos echar un vistazo a su utilidad. Todavía suele escucharse la teoría de que el juego es un modo de practicar los comportamientos adultos. Los animales recrean comportamientos que necesitarán para sobrevivir como adultos, como cazar, establecer jerarquías, rituales de cortejo y de lucha. Esta teoría se derrumba rápidamente cuando nos damos cuenta de que los adultos, al igual que los cachorros, también juegan.

Otras teorías más actuales han sido ideadas por Mark Bekoff en su libro “Animal Play”. Bekoff sostiene que la experiencia del juego permite aprender sobre las intenciones de otros individuos y sirve también para enfrentarse a lo inesperado (todo juego tiene cierto grado de imprevisibilidad, eso es lo que lo hace divertido). Podríamos decir entonces que el juego es algo así como un lenguaje universal diseñado para aprender.

Quien ha tenido un cachorro sabe que puede ser agotador cubrir su continua demanda de juego. Pero el cachorro no está “únicamente jugando”: está aprendiendo. Jugar es algo propio de los mamíferos para poder conocer las reglas impuestas por su entorno social. Y el juego en sí mismo lleva implícito el cumplimiento de ciertas normas.

Hay algo de paradójico en todo esto: jugar no proporciona ninguna recompensa funcional desde el punto de vista fisiológico y derrocha una cantidad importante de energía. Debemos darnos cuenta de que si el juego existe es porque evolutivamente resulta rentable para el desarrollo de los individuos y sus relaciones sociales.

El juego resulta de gran utilidad tanto para nuestro perro como para nosotros. Mientras juega, el perro podrá mejorar su coordinación, pondrá a prueba su inteligencia a la hora de resolver problemas y dará salida a su necesidad de ejercicio físico.

Por otra parte, durante el juego nosotros tendremos la posibilidad de establecer límites y normas, y mejoraremos nuestra relación con el perro, facilitando de esta manera su educación y adiestramiento.

 ¿Por qué ciertos perros parecen saber jugar mejor que otros?

El motivo de ello es la llamada “Neotenia” (del griego neo-, joven, y teinein, extenderse), que por medio de la cría selectiva a lo largo de la historia ha dado lugar a perros adultos en los que han permanecido conductas “juveniles”, que hacen de ellos ejemplares moldeables y fáciles de integrar en nuestra sociedad humana.

Dependiendo de la raza el grado de neotenia puede variar, de éste modo podemos observar cómo los perros de origen nórdico con rasgos semejantes al lobo tienden a ser reservados e independientes, mientras los perros con alto grado de neotenia y rasgos antagónicos al lobo suelen estar siempre dispuestos para jugar y odian separarse de su dueño.

Quienes entrenan perros a alto nivel conocen bien la importancia del juego a la hora de prepararles para adiestramento deportivo, rescate, detección de sustancias y muchas otras especialidades, ya que además de servirle a los perros como estímulo a la hora de trabajar, es una potente herramienta para reforzar la relación afectiva entre nosotros y nuestros perros.

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